La sociedad actual exige un cambio, exige acabar con el analfabetismo emocional
"La parte emocional es tan importante como la cognitiva, no se pueden separar –dice convencida Fátima Sánchez, directora del área de Educación de la Fundación Botín–. Lo que pretendemos es prestarles la misma atención porque así se fomenta su estabilidad emocional, la creatividad y también sus competencias sociales". Y los números parecen darle la razón: según los tests realizados a 1.000 alumnos de entre 8 y 14 años que fueron analizados por la Universidad de Cantabria, los niños consiguen reducir los niveles de ansiedad en un 13,1% siguiendo este tipo de formación, mientras que los que reciben educación convencional la reducen solo un 5,1%. Además, el grupo que siguió el programa mejoró un 5,6% en la identificación de sentimientos y reparación de emociones negativas, mientras que el resto no solo no mejoró estas competencias, sino que las redujo un 1%.
Teniendo en cuenta cómo están cambiando las interacciones sociales, que se están transformando con internet, por ejemplo, hay que hacer algo, y todo lo que sea incidir en la educación emocional es fundamental. No podemos tener relaciones completas con los demás si nosotros mismos no nos conocemos y sabemos entender y escuchar. Es lo que nos va a facilitar las relaciones en el trabajo, en el ámbito familiar, en el círculo de amigos…
Las sociedades necesitan niños con capacidad de adaptación, con empatía, que se escuchen a sí mismos y que entiendan a los demás. Si el aprendizaje y el control de las emociones es fundamental para producir beneficios y mejorar, ¿por qué no llevarlos a los coles? Ya lo dice un proverbio hindú: con tus maestros aprendes; con tus amigos, más; con tus alumnos, todavía más.